La Casa Blanca publicó el pasado lunes la tercera versión de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos que establece a la lucha contra la corrupción como una prioridad del Estado y que dictó parámetros para todas las entidades del gobierno central. Según la estrategia, la corrupción debilita las instituciones públicas porque le permite a los terroristas y a los criminales permear e infiltrarlas y genera una desventaja notoria para las empresas estadounidenses.

El documento hace énfasis en la lucha contra la corrupción internacional para aumentar el clima de transparencia y generar mayor competitividad transnacional para las empresas estadounidenses, en fortalecer la persecución y judicialización efectiva de los corruptos y mejorar la tecnología en estapas de investigación.

La importancia de esta Estrategia Nacional de Seguridad es que establece la agenda para toda la rama ejecutiva del poder público de Estados Unidos (incluidos el Departamento de Justicia, el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado) en cuanto a la política general de seguridad nacional, y le impone prioridades al congreso para la expedición de la política exterior.

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La primera versión de la Estrategia de Seguridad Nacional fue publicada por Barack Obama en mayo de 2010. Esa fue la primera ocasión en que el gobierno de Estados Unidos habló en un documento de política pública de la corrupción como un obstáculo para la plena realización de los derechos humanos básico, el desarrollo y la seguridad global. En su segunda versión de febrero de 2015, la Estrategia de Seguridad Nacional continuó con el objetivo planteado en la primera.