En el foro infolaft del pasado 23 de junio el gerente de Lozano Consultores, Alberto Lozano, hizo una presentación en la que explicó cómo usar las tipologías de lavado de activos para fortalecer la etapa de identificación. Resumen.

 

La etapa de identificación en el sistema Sarlaft es aquella en la que una entidad establece cuáles son los factores de riesgo de lavado de activos o financiación del terrorismo (LA/FT) propios del desarrollo de su actividad. Por lo mismo, se considera un paso previo al lanzamiento de cualquier producto, a la modificación de sus características, a la incursión en un nuevo mercado, a la apertura de operaciones en nuevas jurisdicciones o al lanzamiento o modificación de los canales de distribución.

Según la norma, para identificar los riesgos de LA/FT es necesario implementar y aplicar metodologías de segmentación de factores de riesgo, estructurar metodologías de determinación de riesgos de lavado o financiación del terrorismo a cada uno de los segmentos y, por último, determinar cuáles son las formas a través de las cuales se puede materializar dicho riesgo en el giro ordinario de una sociedad.

No obstante, a pesar de que estas obligaciones están establecidas normativamente, no siempre resultan fáciles de determinar por la falta de detalle de los postulados normativos, sobre todo en referencia al último de los requerimientos que habla de describir cuáles son las vías a través de las cuales se podría materializar una operación de blanqueo de capitales.

Cuando estamos frente a una operación inusual calificada como sospechosa existen varios  escenarios posibles, de acuerdo a las certezas que se tengan frente a ella. El mejor de los casos es cuando dentro de la transacción se evidencia la posible comisión de un delito pues, aunque la labor de los oficiales de cumplimiento no es juzgar, sí pueden existir antecedentes previos que den indicios de que se está frente a una conducta criminal (como ocurre cuando existen sentencias judiciales previas y ejecutoriadas de casos similares o cuando es ostensible la ilegalidad penal).

En estos casos la labor es sencilla, pues al no caber duda de que existe una acción delictiva que representa un riesgo para la organización, que además tiene una alta probabilidad de materializarse y podría encarnar impactos contundentes, la única opción de respuesta es emitir un reporte de operación sospechosa (ROS) y poner en marcha los mecanismos establecidos para gestionar este tipo de situaciones, sin perjuicio de otras denuncias a las que haya lugar.

 

La similitud entre una operación extraña y una tipología

Sin embargo, no siempre es común que existan estos indicios de contexto que permiten inferir que se perpetró un delito, por lo que existe otra categoría en la que –aunque no cabe duda de que es una operación sospechosa- no hay análisis de ley penal, sino que el oficial de cumplimiento detecta que la transacción se puede asemejar a una tipología.

En términos coloquiales una tipología no es más que una historia o retrato escrito sobre un procedimiento para lavar activos. Como toda historia contiene una estructura en la que, además de señalar quiénes son el protagonista (la empresa), el antagonista (el lavador) y los actores de reparto (otros sujetos o entidades), se pueden extraer una serie de ítems que fácilmente se pueden incluir en los sistemas antilavado para robustecerlos.

Luego de determinar los personajes de la historia, los primeros elementos que surgen son los internos y externos, los cuales hacen referencia a qué personaje le conciernen los hechos que se presentan en la narración. Los elementos internos deben ser aquellos hechos que ocurrieron al interior de la empresa protagonista, que dependen de ella y que la afectan; mientras que los elementos externos son los que ocurrieron por fuera de la unidad empresarial y por ende no estaban bajo su control.

Como último elemento tenemos los escenarios de lavado que deben analizarse por separado. Es decir, a pesar de que se trate de una sola tipología, esta puede contener diferentes situaciones.

Por ejemplo, la Unidad de Información y Análisis Financiero (Uiaf) informó en una cartilla que existe una tipología denominada ‘Transacciones en cuentas de secuestrados’, según la cual:

 

Luego de permanecer un tiempo en cautiverio, un secuestrado manifestó a las autoridades que sus captores en las primeras horas del secuestro habían retenido su chequera y tarjetas de crédito y débito y lo habían obligado a entregar las claves de las mismas. Tiempo después lo obligaron a firmar cheques y autorizaciones para el retiro de dinero en efectivo por ventanilla.

 

En este caso lo primero que se determina es que la empresa protagonista de la tipología es un banco y que el antagonista es un grupo de secuestradores. Así, los elementos o hechos internos (es decir, los que ocurren y dependen del banco) son las transacciones en efectivo realizadas por la ventanilla y los retiros que se realizaron mediante la utilización ilícita de las tarjetas.

 

 

Los elementos externos son el secuestro de una persona y su posterior constreñimiento para que entregara las claves y firmara cheques y autorizaciones de retiro. A su vez, los hechos principales son el secuestro y la utilización de los productos financieros del secuestrado con fines ilícitos.

Por su parte, los escenarios son: la utilización fraudulenta de tarjetas de crédito de un secuestrado con fines de lavado, la utilización de tarjetas de débito o la utilización de cheques y autorizaciones de retiro de dinero.

Tener claro este ADN de la tipología permitirá no sólo aterrizar y clarificar las exigencias de la etapa de identificación, sino que además facilita la estructuración sólida de matrices de riesgo, el correcto diseño de controles y señales de alerta y el conocimiento del riesgo residual.

En el caso planteado imagine por un momento que el banco no conoce la tipología de lavado a través de los productos financieros de un secuestrado y que, por consiguiente, omite realizar controles sobre las transacciones de una cuenta que, a pesar de pertenecer a alguien privado de la libertad, es usada con fines ilícitos.

Es importante resaltar que no todas las tipologías le sirven a todas las organizaciones, por lo que la primera tarea que se debe llevar a cabo es verificar cuáles aplican para luego proceder con la extracción de los datos necesarios.

En el plano nacional la Uiaf tiene varios documentos públicos donde además de exponer las tipologías indica a qué sector se dirigen, mientras que en la esfera internacional el Grupo de Acción Financiera Internacional (Gafi), el Grupo de Acción Financiera Internacional de Latinoamérica (Gafilat), el Grupo Egmont y algunas unidades de inteligencia financiera (sobre todo las australiana e inglesa) son las entidades que mejor han publicado tipologías.

 

La prensa: una buena fuente

Aun cuando las tipologías son una herramienta efectiva para identificar cuáles son las formas que utiliza el crimen organizado para darle apariencia de legalidad a sus activos, existen otras fuentes igualmente útiles de las cuales se pueden extractar datos interesantes: los casos y las noticias de prensa.

En lo que se refiere a los casos, la utilidad está dada porque dentro de dichos sumarios está contenida una sucesión de hechos probados a través de los cuales se utilizó una empresa con fines de lavado de activos, lo que podría ayudar a identificar factores de riesgo que no se tuvieron en cuenta o a fortalecer otras etapas del Sarlaft en caso de ser necesario.

No importa si los casos le ocurrieron a la misma empresa en el pasado o si le pasaron a otra que desarrolle una actividad similar: lo relevante es lograr determinar cuáles de los hechos son susceptibles de ocurrir en la compañía, qué tratamiento le dio la autoridad y qué hacer para evitarlos.

Por su parte, las notas y artículos de prensa, aunque carecen de la característica de certeza que tienen los casos por no haber sido debatidos ante la autoridad y porque muchas veces la veracidad puede estar en entredicho, traen consigo información de nuevas formas de lavado que aún no se han consignado en tipologías ni se han tramitado en procesos judiciales o ante la autoridad.

En todo caso, es menester estar atento a los elementos de contexto de la historia (tiempo, modo y lugar de ocurrencia de los hechos y de publicación), así como del medio en que se publica con el fin de que no quepa duda de que se está frente a un caso real de lavado de activos que podría replicarse en el futuro.