Los lavadores han demostrado una maleable capacidad de expandir sus métodos para blanquear recursos provenientes de actividades ilícitas. Dentro de esta tendencia también se ha incluido al deporte más popular del mundo: el fútbol.

 

En las últimas tres décadas los deportes han incrementado su importancia económica y social dadas las millonarias transacciones que movilizan, la globalización y la cantidad de gente involucrada. Aunque esto es positivo para las finanzas nacionales y para el sector privado, también tiene consecuencias negativas, pues incrementa el riesgo de fraude y corrupción y convierte a las actividades deportivas en un vehículo idóneo para dar apariencia de legalidad a bienes provenientes de crímenes.

Además, los deportes no solo son atractivos por el flujo de dinero que generan (más de 14 000 millones de euros solo en Europa), sino que al ser actividades seguidas por una masa importante de personas otorgan prestigio, poder y reconocimiento, factores que son interesantes fachadas de probidad para los delincuentes.

Cualquier deporte es susceptible de ser manipulado por criminales para propósitos ilegales de blanqueo. Sin embargo, el Grupo de Acción Financiera Internacional (Gafi) ha señalado que aquellos con más riesgos son el cricket, el rugby, las carreras de carros y de motos, la hípica, el hockey sobre hielo, el baloncesto, el voleibol y, por supuesto, el fútbol. Este último es el deporte más importante en el planeta, con más de 40 millones de jugadores registrados, cinco millones de árbitros oficiales, más de 300 000 clubes y miles de millones de fanáticos (algunos expertos calculan que alcanzan el 15% de la población mundial).

Es evidente que el fútbol no solo abarca la realización de juegos: alrededor de esta actividad existen federaciones nacionales, confederaciones continentales y mundiales, estructuras de propiedad de clubes de jugadores, apuestas, derechos de transmisión y de imágenes, patrocinios, publicidad y logística, muchos de los cuales son utilizados como parte de técnicas complejas de lavado que se valen del uso de efectivo, de las transferencias bancarias transfronterizas, de los paraísos fiscales, de empresas fachada y de las PEP.

El caso más sonado y más reciente de corrupción en el fútbol estalló durante el segundo semestre de 2015 cuando la Fiscalía de Estados Unidos ordenó la captura de nueve dirigentes de la Fifa y de cinco empresarios, quienes habrían recibido coimas equivalentes a US$ 150 millones de dólares para favorecer patrocinios, acomodar la designación de sedes de torneos y asignar a dedo la publicidad y los derechos de transmisión para Norte y Suramérica.

Según el escrito de acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos, los altos funcionarios de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) recibieron US$ 100 millones a cambio del contrato de publicidad y de derechos de transmisión de la Copa América 2013 y de los siguientes cuatro torneos americanos. Según la fiscal de EE.UU., del monto total al presidente de la confederación y a los presidentes de las federaciones argentina y brasilera les correspondieron US$ 3 millones a cada uno, mientras que a los otros siete presidentes de federaciones les pagaron US$ 1.5 millones a cada uno.

A raíz de estos hechos, el 27 de mayo de 2015 fueron capturados en el Hotel Baur au Lac en Zúrich, Suiza, 14 funcionarios de la Fifa que se preparaban para asistir al 65.º congreso de la federación, en el cual se adelantarían las elecciones en las que, sin más especulación, sería reelegido Joseph Blatter como máximo dirigente del organismo.

La Fiscalía estadounidense y el FBI aseguran que antes de la captura y de la publicación de la investigación se lograron desembolsar dos de los cinco pagos, lo que equivale a una cifra cercana a los US$ 40 millones de dólares, los cuales se movilizaron a través de bancos de Estados Unidos y Suiza y se afincaron en empresas fachada cuyo único objetivo era la recepción de los recursos.

El operativo generó un clima de zozobra, sobre todo en América del Sur, toda vez que la Conmebol es conformada por las federaciones de fútbol de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela.

 

El fútbol frente al LA/FT

La lista de vulnerabilidades en el fútbol es larga, aunque los impactos dependen del tamaño y la estructura de la industria, el nivel internacional, nacional o local de la actividad y la cuantía de las transacciones. En todo caso, las generalidades del fútbol permiten agrupar ciertas características que deben ser tenidas en cuenta para la correcta gestión de los riegos de LA/FT relacionados con el fútbol:

 

El mercado del fútbol es fácil de penetrar

El fútbol es presa fácil porque no existen barreras de entrada. Todos los miembros de una sociedad tienen la posibilidad de acceder a estadios y de afiliarse a clubes. Asimismo, y dados los vínculos entre el Estado y la dirigencia del fútbol, existe un caldo de cultivo para la colusión y la corrupción.

 

Existe un enramado complejo de relaciones

Los vínculos entre los diferentes actores en la industria del fútbol (ver recuadro abajo) son difusos y muchos carecen de controles. Cada vez hay más jugadores, más patrocinadores, más clubes, más torneos, más intermediarios y, por consiguiente, más posibilidades de utilizar al fútbol como vía de tránsito para canalizar recursos ilícitos.

 

Actores

Importancia

Clubes deportivos

Célula básica de la industria

Jugadores

El activo más valioso de los clubes

Patrocinadores

Inversionistas más relevantes

Inversionistas privados

Dueños de los clubes

Agentes de fútbol

Intermediarios en las transacciones con jugadores

Gobiernos

Subsidian clubes, otorgan préstamos, son dueños de complejos deportivos y estadios.

Autoridades de impuestos

Acreedores de los impuestos a clubes deportivos

Propietarios de complejos deportivos y estadios

Esto ocurre cuando no son propiedad de los gobiernos o de los clubes

Asociaciones o ligas

Agentes reguladores e intermediarios de transferencias de recursos

Fanáticos

Aportan dinero a su club

 

Falta de profesionalismo

Los dirigentes, en algunas ocasiones, no tienen un nivel profesional. Aparte de las ligas profesionales, durante gran parte de la historia, hasta hace más o menos diez o veinte años, la dirigencia de la industria del fútbol no tenía la experiencia requerida para el manejo de clubes, sobre todo en el nivel más local.

 

Múltiples estructuras legales

Los esquemas societarios de los clubes varían desde sociedades de responsabilidad limitada y anónima hasta fundaciones, lo que permite un amplio campo de maniobra fraudulenta. En todo caso, en los años recientes se ha visto una correcta tendencia a regular de forma específica al fútbol.

 

Millonarias transacciones

La industria del fútbol mueve grandes flujos, sobre todo en el mercado de capitales internacional. Estos ciclos de dinero transitan, en ocasiones, por jurisdicciones laxas (como los paraísos fiscales) que abren la posibilidad de lavado de activos, corrupción y fraude.

 

Los altos precios de los jugadores

En las transacciones de jugadores hay un alto riesgo de lavado de activos dado que los precios responden a la popularidad y desempeño de los deportistas y que, por lo mismo, se puede lograr una gran utilidad de un momento para otro.

Un jugador cuyo pase suba de precio rápidamente podría generar el atractivo de personas que, con dinero ilícito, estén dispuestas a pagar sumas astronómicas.

 

Los clubes necesitan financiación permanente

Al existir una competencia tan fuerte por incrementar el reconocimiento de un club deportivo el dinero termina por ser un favor determinante en el éxito de dichos clubes.

Los clubes más grandes que cuentan con patrocinadores reconocidos no tienen problemas de flujo de efectivo mientras que aquellos menos famosos o los que recién empiezan están en riesgo de recibir fondos provenientes de actividades ilícitas para acelerar su crecimiento.

 

Los casos y tipologías de lavado en el fútbol

Según el Gafi, el uso del fútbol como un vehículo para el lavado de activos se relaciona con cuatro tipos de actividades que envuelven transacciones financieras que incrementan el riesgo: la estructura de propiedad de los clubes deportivos, las transacciones con jugadores, las apuestas y los derechos de transmisión, de publicidad y de patrocinio.

La participación financiera en clubes de fútbol es una vía rápida y relativamente sencilla para introducir a la economía una cuantía de recursos de origen ilícito. Aquellos clubes más vulnerables, como ya se comentó, son aquellos de bajo reconocimiento, de pequeño tamaño, con problemas financieros o con una corta trayectoria.

Para identificar una operación sospechosa en estos casos se deberían verificar las finanzas de la agrupación deportiva antes y después de que ingresó algún inversionista. Esta práctica también es útil para detectar cualquier incongruencia o crecimiento desproporcionado.

Asimismo, es necesario comprobar que los recursos entregados por los inversionistas sean coherentes con su actividad económica. Toda transacción desproporcionada que no refleje la actividad económica de la persona es una señal de alerta.

Las Recomendaciones del Gafi señalan que se debe aplicar la debida diligencia que cualquier entidad financiera o no financiera utilizaría en estos casos. Como es probable que sea difícil llegar a identificar el verdadero origen del capital, la premisa es dejar documentado todo el proceso.

En lo que se refiere a las transacciones sobre jugadores el riesgo se materializa cuando los pagos y flujos de efectivo se depositan en jurisdicciones con bajos controles o en paraísos fiscales, lo que impide verificar tanto el origen como el destino final de los fondos. A eso se puede sumar que los jugadores sean infravalorados con el fin de transferir más recursos de formas ocultas.

Asimismo, en este tipo de operaciones existen agentes intermediarios (a 2010 había alrededor de 4000 registrados en la Fifa), cuyas funciones no están reguladas. Así, además de manejar jugadores, podrían estar interesados en manejar los fondos privados de ciertos inversionistas, de realizar consultorías sobre impuestos y de manipular los canales de transferencia.

Las apuestas, por su lado, siempre se han considerado un foco potencialmente riesgoso para el fraude y el lavado. Aunque bien manejadas pueden generar ingresos adicionales a las instituciones deportivas, también pueden ser el motivo que obligue a los apostadores a arreglar partidos y alterar los resultados. Es evidente que cada país tiene su propia regulación de los juegos de azar, por lo que no existe un parámetro internacional que permita la transparencia en estas actividades.

Según la Unión de Federaciones de Fútbol Europeas (Uefa por su sigla en inglés), existen redes de crimen organizado que han utilizado prácticas de soborno para arreglar partidos y así obtener ganancias. En un partido de tercera división, un solo sitio de apuestas en Internet puede movilizar más de 100 000 euros y en niveles superiores cada portal podría facilitar transacciones de más de 2 millones de euros por partido.

Por último, encontramos el lavado de activos a partir de la comercialización de derechos de transmisión, de patrocinios y de pauta publicitaria, que es justamente el caso conocido como el Fifa-Gate o escándalo de la Fifa. Dentro de esta modalidad de lavado no solo se encuentra la aparente financiación de contratos con dineros ilícitos, sino que se ven enramados de corrupción y sobornos para favorecer acuerdos y desviar decisiones.

En la mayoría de estos casos tanto los que ofrecen como los que reciben coimas pueden tener la calidad de persona expuesta públicamente (PEP), lo que obliga a una mayor debida diligencia en el conocimiento de la contraparte, tal y como está establecido en la recomendación número 12 del Gafi.

Según esa directriz, no es suficiente con consultar listas restrictivas o de control sino que se debe acceder a información pública comercial o de medios que otorguen una guía concreta acerca de la coherencia de las acciones del PEP.  

 

El escándalo Fifa en Colombia

Recién estalló el escándalo el entonces presidente de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), Luis Bedoya Giraldo, negó categóricamente haber recibido dineros ilícitos para manipular la contratación en el fútbol y detalló que todos los recursos que enviaron tanto la Conmebol como la Fifa ingresaron directamente a las cuentas de la FCF.

No obstante, la presión de las autoridades norteamericanas no fue sencilla de sortear. Para octubre de 2015 varios de los altos funcionarios de la Conmebol habían sido encarcelados en Estados Unidos y habían empezado negociaciones con la justicia que implicaban necesariamente delatar, con nombres propios, a aquellos que parecían rehuir el escándalo.

 

Luís Bedoya. Foto infolaft

 

Es por esto que seis meses después de que se conocieron los hechos Luis Bedoya renunció a la presidencia de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) y se dirigió a Nueva York a preparar su defensa y a negociar beneficios con la justicia estadounidense. Dentro de este proceso, el 12 de noviembre de 2015, el exdirigente deportivo se declaró culpable por fraude en transferencia bancaria y conspiración de soborno.

El 3 de diciembre de 2015, en una rueda de prensa de la Fiscal General de Estados Unidos, Loretta Lynch, y del director del FBI, James Comey, se informó, según la fiscal, que los “acusados trataron de institucionalizar su corrupción para asegurarse de que podían vivir de ella, no por el bien del juego, sino para su propio engrandecimiento personal y el aumento de su riqueza”. Concretamente sobre Bedoya, uno de los fiscales del caso afirmó que “se acercó a nosotros a asumir su culpa”.

La acusación (indictment) de la justicia estadounidense explica que, incluso desde 2007, ciertos individuos y entidades de la Fifa, incluido Luis Bedoya, utilizaron sus posiciones de poder para solicitar, ofrecer, aceptar, pagar y recibir pagos ilegales, sobornos y coimas para torcer el libre curso de los procesos de contratación y de selección de sedes, acciones que se tipifican como delitos de fraude, soborno, lavado de activos y falta a los deberes fiduciarios.

Adicionalmente, en el mismo documento se aclara que los conspiradores, incluido Bedoya, con el fin de evitar la detección de sus operaciones ilícitas utilizaron maniobras fraudulentas como la firma de contratos falsos de consultoría, la utilización de fiduciarias y bancos como trampolín para el dinero, la constitución de compañías fachada, la apertura de cuentas en paraísos fiscales, la omisión de reporte de transacciones cambiarias, la adquisición de bienes inmuebles, la evasión de impuestos y la obstrucción a la justicia.

Según la acusación, el daño infligido por Bedoya y sus copartícipes por medio de los delitos para enriquecerse ilícitamente a través de sobornos minó la libre competencia al distorsionar el mercado de los derechos comerciales asociados al fútbol y al impedir a otros competidores participar por dichos derechos.

Por estas razones se determinó que Luis Bedoya, en compañía de otros implicados, de forma consciente e informada violaron el título 18, Código de los Estados Unidos, sección 1962 (C) y sección 1343, referente a conductas directas o indirectas de crimen organizado, fraude bancario, lavado de activos, conspiración para lavado de activos y obstrucción de la justicia.

 

¿Qué veremos en 2016?

Este es un escándalo mundial que hasta ahora empieza. Hay que recordar que el episodio de corrupción en la Fifa tiene tres dimensiones que, aunque tienen elementos en común, se desarrollan de manera distinta la una de la otra.

El primer escenario involucra a los más altos directivos de la Fifa por haber recibido gabelas para escoger las sedes mundialistas de Rusia 2018 y Catar 2022, mientras que el segundo se refiere a la compra de votos de los 35 dirigentes de la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) para elegir dignatarios y para la entrega de patrocinio y designación de directivas.

Por último, se encuentra el caso de la Conmebol, que es el que salpica al expresidente de la Federación Colombiana de Fútbol Luis Bedoya, en el que los fiscales comprobaron la entrega de coimas a los directivos de la confederación para favorecer los patrocinios, contratos y derechos de transmisión de las copas América a partir de 2013.

Es previsible que en cada una de las tres vertientes del escándalo se presenten nuevas capturas y, sobre todo, nuevos preacuerdos de los acusados con la justicia de Estados Unidos que conllevarán necesariamente la delación de otros implicados. Esto no solo generará un avance en las investigaciones, sino que permitirá nuevas condenas a medida que nuevos hechos salgan a la luz.

Respecto a Luis Bedoya es probable que dadas sus tratativas con las autoridades norteamericanas aparezcan nuevos hechos y nuevos implicados, no solo del ámbito del fútbol internacional y nacional sino personas ajenas al deporte, como su esposa, quien posiblemente deberá explicar tanto en Colombia como en Estados Unidos el origen de sus recursos.