El oficial de cumplimiento debe ser la persona más importante para prevenir el lavado de activos. Además, debe liderar a todos los empleados de la organización de acuerdo con las políticas trazadas desde la Junta Directiva.

 

Oficial de cumplimiento: ¿cuál ha sido su evolución?

El oficial de cumplimiento ha sido la figura del funcionario o empleado de las sociedades, identificado históricamente con los temas de prevención de lavado de activos y posteriormente con la prevención de la financiación del terrorismo.

Sin embargo, en tiempos más recientes se le han asignado, por disposición de las Juntas Directivas o a petición de los mismos oficiales de cumplimiento, funciones relacionadas con aspectos tributarios u otro tipo de riesgos que enfrentan las sociedades.

A pesar de que en algunos sectores no se ven grandes cambios, a nivel global el oficial de cumplimiento ahora tiene un enfoque basado en el riesgo.

En consecuencia, este profesional se convirtió en un gestor de riesgo, debido a los ajustes que en 2012 le realizaron a las recomendaciones de Gafi.

 

 

Esta fue, sin duda, la visión de la regulación en Colombia para el sector financiero desde 2008 con la expedición del Sarlaft.

Esta multiplicidad de funciones que se le han asignando con el tiempo al oficial de cumplimiento y la desafortunada traducción literal del Compliance Officer, han hecho que las responsabilidades de estos profesionales no sean claras.

Esta situación lleva a muchos oficiales de cumplimiento a desarrollar su función estrictamente con un énfasis en el cumplimiento y no de cara a la administración de riesgos, que es el nuevo deber ser, el nuevo reto que tienen.

Para administrar riesgos, desde luego, se debe cumplir con las reglas preestablecidas, las cuales enmarcan su actuar; pero se debe ir más allá.

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Por eso, más que cumplir con el mandato de tener un “funcionario responsable”, que es como se define en Colombia en el Estatuto Orgánico del Sistema Financiero desde 1993, ese funcionario debe acreditar conocimientos en administración de riesgos como lo definió el regulador en 2008.

La figura importada del Compliance Officer podría asimilarse, en parte, al contralor normativo colombiano previsto desde la Ley 964 de 2005 y normas que lo complementan, pues este es el encargado del cumplimiento y de la verificación de disposiciones legales o códigos internos.

Sin embargo, para el sector financiero en Colombia se hace la distinción entre el contralor normativo y el oficial de cumplimiento.

El primero es obligatorio para algunos intermediarios de valores y administradores de fondos de inversión colectiva.

Mientras que el oficial de cumplimiento, en sentido puro, es quien debe cumplir sus obligaciones previstas en la normatividad y además debe tener un rol preponderante como administrador del riesgo de lavado de activos y de la financiación del terrorismo.

 

Perfil de los oficiales de cumplimiento: la importancia del EBR

Como es ampliamente conocido, desde el 15 de febrero de 2012 el Grupo de Acción Financiera Internacional (Gafi) expidió la versión vigente de las 40 recomendaciones internacionales en materia de lavado de activos, la financiación del terrorismo y la financiación de la proliferación de armas de destrucción masiva.

En ellas se introduce algo tan lógico como novedoso para estos fenómenos, como es el enfoque basado en riesgos (EBR) que se impone desde la Recomendación 1.

Los conceptos de enfoque basado en riesgos y su administración son transversales al contexto general de las recomendaciones y en consecuencia los oficiales de cumplimiento, que son algunos de los principales ejecutores de estas recomendaciones implementadas en los países y en sus organizaciones, no podrán ser ajenos a esta tendencia.

Refiriéndonos a la recomendación 1 del Gafi, sabemos que esta alienta a los países a desarrollar evaluaciones nacionales de riesgo.

A partir de los resultados de esas evaluaciones los Estados deberán definir sus estrategias de actuación con enfoque basado en riesgo, las cuales deben involucrar a las autoridades de regulación y supervisión, y a los diferentes sujetos obligados.

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Más tarde que temprano la normatividad que rija a los sujetos obligados y sectores reportantes deberá haber sido expedida en el marco de la administración de riesgo y no solamente del cumplimiento.

Esto es más relevante si tenemos en cuenta que varios países se preparan para ser evaluados en cuanto al cumplimiento formal y a la eficacia de sus medidas ya sea por el Gafi, por alguno de los grupos regionales tipo Gafi o por el Fondo Monetario Internacional.

Si los distintos países a través de sus reguladores, supervisores y sectores están dando cumplimiento a lo dispuesto en las recomendaciones del Gafi, y en consecuencia cuentan con un sistema de administración de riesgo de lavado de activos y financiación del terrorismo, expresa o tácitamente han generado los parámetros del perfil de los oficiales de cumplimiento.

Si los reguladores no han adoptado el enfoque basado en riesgo, no tendrán reflejado en sus oficiales de cumplimiento gestores de riesgo sino solamente unas personas encargadas del tema de lavado, visión que se queda corta en el nuevo enfoque, que ya no es tan nuevo en el tiempo.

 

Oficial de cumplimiento: aspectos importantes del perfil profesional

Para ser oficial de cumplimiento, hasta ahora, no se exige normativamente una profesión específica.

Es más, no se hace necesario que el oficial de cumplimiento sea de dedicación exclusiva si la entidad, por su dimensión, número de clientes o proveedores, no tiene un volumen de operaciones que lo amerite.

En todo caso, sí se requiere que tenga vocación de liderazgo, el reconocimiento de la junta directiva, las capacidades técnicas y el apoyo interdisciplinario en su gestión.

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Para ser oficial de cumplimiento no hay una profesión perfecta y única, pues las destrezas de un ingeniero industrial, el rigor del abogado, la flexibilidad del ingeniero de sistemas, la visión macro del economista, la agudeza del comunicador o el contexto del politólogo son, entre muchas otras, las capacidades con las que debe contar un equipo de cumplimiento.

El oficial de cumplimiento, más que un profesional específico, insisto, debe ser un administrador de riesgo y para ello debe entender la lógica de las matemáticas, la dinámica de la estadística, la exégesis de la norma, la inmediatez de la noticia y tener el olfato del investigador.

 

El oficial de cumplimiento y su equipo

El oficial de cumplimiento, de acuerdo con la dimensión de la sociedad y sector de que se trate, debería ser un líder de la organización apoyado por un equipo interdisciplinario.

Además, deberá contar con la tecnología apropiada y necesaria para desarrollar su gestión y estar empoderado por la junta directiva u órgano que hace sus veces.

Aunque esto último, el empoderamiento, es de lo que más carece la mayoría de los que ya son oficiales de cumplimiento.

Del respaldo e importancia que le quiera dar el órgano directivo al tema de prevención del lavado de activos y financiación del terrorismo dependerá el ambiente de cultura organizacional que se genere en el entorno y el nivel de riesgo de exposición.

Claramente pareciera que los lavadores también tienen sus propias matrices de riesgo y conocen qué sociedades son menos estrictas, en cuáles el tema importa poco, y cuáles son más conservadoras y por lo tanto menos apetecidas para sus propósitos.

La directriz básica que inspire la política de las juntas directivas siempre deberá ser la de consagrar la exigencia de que los empleados antepongan el cumplimiento de las normas en materia de administración de riesgo de LA/FT al logro de las metas comerciales.

En estos temas es preferible no hacer un mal negocio que parecía financieramente bueno a lamentarse por haber hecho un exitoso negocio que, de entrada, generaba dudas.

 

Oficial de cumplimiento: ¿cuál es su responsabilidad administrativa y penal?

Este es sin lugar a dudas uno de los temas en los que debe pensar quien va a aceptar voluntariamente una función de este tipo porque, como es apenas lógico, las responsabilidades administrativa y penal se pueden presentar en cualquier actividad, cargo o profesión que se ejerza en la vida.

El oficial de cumplimiento, al igual que los auditores internos, los auditores externos o revisores fiscales, representantes legales y miembros de juntas directivas, tienen una serie de riesgos inherentes a la función que desempeñan y con esa claridad lo debemos entender.

Este tipo de cargos o asignación de funciones se deben aceptar de forma voluntaria y consciente.

Para ejercer el oficio con diligencia y responsabilidad nunca es recomendable aceptarlo como la única opción de permanecer vinculado a la empresa.

De cara a las responsabilidades del oficial de cumplimiento, haría una recomendación muy objetiva y básica para el ejercicio de sus funciones, por obvia que pueda parecer: actuar en el marco de sus responsabilidades, de acuerdo con los deberes que les asignan de manera expresa las normas (ley, decreto, circular o resolución).

Lo anterior significa que si los deberes del oficial de cumplimiento no están contemplados expresamente en una norma, mal podría endilgársele algún tipo de responsabilidad.

La evaluación de responsabilidad por la conducta de un oficial de cumplimiento, desde el punto de vista administrativo, versará sobre la diligencia en el cumplimiento de sus funciones de acuerdo con las normas que lo rigen.

Lo anterior sin perjuicio de que se materialice o no un evento de lavado de activos.

Por el contrario, la responsabilidad desde lo penal, a juicio de los penalistas, partirá de la materialización del evento de lavado de activos o financiación del terrorismo; es decir, de la comparación entre cuál fue su gestión y los deberes taxativos.

Esto se traduce en que la responsabilidad penal nace cuando el oficial de cumplimiento tenía deberes especiales, pero no los cumple pudiéndolo hacer.

Adicionalmente, el oficial de cumplimiento puede ser responsable cuando debe impedir que se incremente el riesgo; es decir, cuando debiendo interrumpir el curso causal potencialmente creado por su organización no lo hace o no lo reporta si lo advierte previamente.

 

Consejos finales para el oficial de cumplimiento

Una regla de oro para el oficial de cumplimiento debe ser la de documentar, de una parte, sus actuaciones frente a situaciones detectadas (ya que cuando se advierte y no se actúa es casi como si participara), y de otra, su interacción, solicitudes y gestión ante la junta directiva.

Si el oficial de cumplimiento escala o hace solicitudes ante la junta y esta no toma cartas en el asunto, serán otras las dificultades que surgirán para la entidad.

En esa medida, recomiendo muy respetuosamente a quienes capacitan o instruyen a los oficiales de cumplimiento en los diferentes escenarios académicos o laborales que no generen zozobra y miedo en ellos para ejercer su función.

Al contrario, se debe alentar al oficial de cumplimiento a ejercer su tarea de manera responsable, porque en la medida que lo hagan diligentemente y lo puedan acreditar, no deberían tener ninguna consecuencia, ni administrativa ni penal, incluso si se materializa en sus entidades una operación de lavado de activos y financiación del terrorismo.

A manera de conclusión, vemos cómo el ejercicio de la función del oficial de cumplimiento debe partir del cumplimiento de disposiciones normativas, pero ir más allá para ser un administrador del riesgo.

Del mal ejercicio de su función, como en cualquier otra responsabilidad de la vida, se podrán desprender consecuencias.

Finalmente, el oficial debe contar con el concurso de toda la organización para que exista una cultura de prevención y tener una política clara y expresa de la junta directiva.

La junta, a su vez, deberá tener una premisa contundente: exigir que los empleados antepongan el cumplimiento de las normas en materia de administración de riesgo de LA/FT al logro de las metas comerciales.

 

Autor: Jorge Humberto Galeano