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Metaverso y nómadas digitales: ¿tendrán riesgo de lavado de activos?

Enviado por Infolaft el

Artículo por: Infolaft

Los oficiales de cumplimiento están ante un cambio de era y de paradigmas. Puede que sea momento de revisar algunos elementos asociados a la prevención del lavado de activos o blanqueo de capitales.

Muchas veces las personas no son del todo conscientes de la era en la que viven. Es así. Por ejemplo, quienes vivieron durante el siglo XIII no sabían que aquello era la edad media.

Para ellos esa época configuraba su cotidianidad. Aquel fue su presente y su modernidad.

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Solo años o siglos después los investigadores sociales y antropólogos denominaron ese periodo en la historia de la humanidad como edad media.

Profundizando un poco más, bien se puede pensar que si esas personas no estaban conscientes de la era que habitaban, es posible que tampoco lo fueran de los hechos que marcaban el fin de una época y el comienzo de otra.

Pues bien, guardando las proporciones, la prevención del lavado de activos o blanqueo de capitales se encuentra en un punto de inflexión que marca el inicio de un nuevo tiempo.

Punto de inflexión del oficial de cumplimiento

La pandemia del COVID 19 generó dos grandes cambios en las dinámicas del oficial de cumplimiento: transformó la modalidad de trabajo y potenció la tecnología.

Pasaron de ejercer el cargo en las oficinas habituales y tuvieron que trasladar a casa las tareas relacionadas con prevención y detección del lavado de activos.

Esa dinámica de trabajo remoto todavía se mantiene en muchas organizaciones. Incluso hay casos en los que ya se fijó la política de trabajo en casa de forma definitiva.

Más allá de la reubicación del lugar de trabajo, esa situación ayudó a modernizar el cargo del oficial de cumplimiento e introducirlo en la era del trabajo a distancia.

Para quienes no ven en esto una gran transformación, hay que decirles que el ejercicio de cumplimiento siempre se había caracterizado por su rigidez y presencialidad.

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Las razones de eso eran la misma estructura rígida de algunas empresas y el tipo de información sensible que se maneja.

Unido a lo anterior está la potenciación de la tecnología, la cual trae grandes avances y nuevos riesgos.

Dinámicas laborales que pueden generar riesgo

Hace poco un artículo mencionó que, debido a la pandemia y según la Organización Internacional del Trabajo OIT, “al menos 23 millones de personas han transitado por el teletrabajo en América Latina y el Caribe”.

Ese número representa entre el 20% y 30% del total de trabajadores asalariados de toda la región, quienes ejercieron o ejercen sus funciones fuera de las oficinas. Sin duda, un número enorme.

La OIT, organización que depende de la ONU, aseguró en un reporte que aquel “fue un salto inesperado hacia el futuro del trabajo que deja abierto un escenario de oportunidades y desafíos para la región”.

Dentro de esos desafíos bien se puede incluir el eventual impacto que este tipo de dinámicas de movilidad laboral pueden tener en los sistemas de prevención del lavado de activos o blanqueo de capitales.

Esa tendencia del teletrabajo también ha impulsado, por citar un ejemplo, a los nómadas digitales, personas que laboran remotamente desde cualquier lugar del mundo.

De esta manera, alguien puede estar trabajando hoy en Perú desde su computador y mañana lo hará en Bali, haciendo transacciones hacia y desde esas jurisdicciones en diferentes divisas.

Tan solo en Estados Unidos se estima que hay alrededor de diez millones de nómadas digitales.

En Colombia, por su parte, una ley de 2020 ya ordenó la emisión de visas para nómadas digitales.

Sumado a eso, la conectividad que hoy ofrece Internet permite realizar transacciones desde cualquier lugar del mundo e incluso enmascarar su origen con herramientas tan sencillas como una VPN.

Visto lo anterior surgen varias preguntas, en las que se debería comenzar a pensar: ¿el nomadismo digital se tiene establecido una actividad dentro de los mapeos? y ¿cómo se realizará la gestión del riesgo con esta población?

Así mismo, ¿qué se hará con aquellos nómadas provenientes de jurisdicciones de riesgo? y ¿cómo se manejará el riesgo con los nómadas digitales de nuestros propios países?

Metaverso, la vida virtual y el dinero

Hace algunos meses Facebook cambió de nombre y ahora se llama Meta. Su propósito, según dijeron, es potenciar el desarrollo del metaverso.

Pero ¿qué es el metaverso? Pues lo primero es que hoy el metaverso no “es” porque todavía no existe, más bien “será”.

Desde Meta cuentan que el metaverso será un espacio en tercera dimensión en donde será posible “socializar, aprender, colaborar y jugar de maneras inimaginables en la actualidad”.

La cosa irá mucho más allá de lo que todos hemos visto. Allá será posible tener una verdadera vida virtual con todo lo que eso implica: trabajar allí, generar ingresos allí, estudiar allí y gastar allí.

Hay empresas que ya están invirtiendo millones de dólares en desarrollo y tecnología para ese nuevo entorno. Así suene exótico, el metaverso es el futuro cercano.

Tendrá millones de usuarios que seguramente serán representados con avatares que trabajen en ese “mundo” y no en una empresa tradicional, que devenguen su salario en tockens o monedas especiales del metaverso y las consuman allí mismo, que adquieran propiedades en ese espacio. Una gran revolución.

¿Qué tanto sabemos del metaverso?, ¿cómo nos estamos preparando para gestionar el riesgo en ese escenario?, ¿el metaverso puede ser considerado un canal o una jurisdicción?

Para quienes crean que esto puede ser una exageración, basta con recordar que hace apenas diez o doce años muy pocos sabían de la existencia de Bitcoin y tampoco tenían idea de lo que era una criptomoneda.

Hoy tenemos más de 19 millones de Bitcoin en circulación y ese es un vehículo de inversión cuyo valor unitario ha llegado a superar los 66.000 dólares.

Calculado con precios de abril de 2022, las Bitcoin existentes se acercan a costar un trillón de dólares.

El grave riesgo de los lavadores profesionales

La tecnología y su evolución no es lo único que ocasiona u ocasionará renovados riesgos. También debemos prestar atención a la “reinvención” de los lavadores.

A mediados del 2018 el Grupo de Acción Financiera Internacional GAFI publicó un informe, muy importante y poco conocido, que hace una descripción detallada de lo que ellos denominaron “lavadores de activos profesionales”.

Se trata de personas, organizaciones y redes que lavan activos para grupos criminales internacionales a cambio de comisiones o el pago de unas tarifas.

Estos profesionales también “brindan experiencia para disfrazar la naturaleza, la fuente, la ubicación, la propiedad, el control, el origen y/o el destino de los fondos para evitar la detección”, dice el GAFI.

Es decir, actualmente existen redes muy organizadas y especializadas en borrar el rastro de los individuos y las jurisdicciones realmente involucradas en los negocios ilícitos.

Con todos estos escenarios, bien vale la pena tomarse un momento para adecuar o preparar nuestros sistemas a los riesgos del siglo XXI.

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